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El empresario hacia la perfección personal

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Es un encargo divino, que los talentos y capacidades personales fructifiquen en beneficio de los demás y propio. empresariosVIPEl hombre creado a imagen de Dios, recibió el mandato de gobernar el mundo en justicia y santidad, sometiendo la tierra y cuanto en ella contiene, y de orientar a Dios la propia persona y en el universo entero, reconociendo a Dios como creador de todo, de modo que con el sometimiento de todas las cosas al hombre sea admirable el nombre de Dios en el mundo.

La actividad humana individual y colectiva o el conjunto ingente de esfuerzos realizados por el hombre a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida, responde a la voluntad de Dios, encontrándose la actividad empresarial dentro del proyecto de Dios para los hombres.

El empresario se desarrolla dentro de un contexto de competitividad y calidad, que supone un constante perfeccionamiento personal de sus capacidades para sobrevivir y conservar su presencia en el mercado. Esto requiere del empresario un exigente perfil de cualidades personales y de valores morales.

Disciplina, creatividad, capacidad de iniciativa y espíritu emprendedor: he aquí las herramientas con las cuales el empresario de hoy debe enfrentarse al trabajo. Siguiendo al Papa Juan Pablo II, el trabajo directivo debe ser mirado «con atención y positivamente», toda vez que en él se manifiesta la libertad de la persona en el campo económico.

«La diligencia, la laboriosidad, la prudencia en asumir riesgos razonables, la fiabilidad y la lealtad en las relaciones interpersonales; la resolución de ánimo en la ejecución de decisiones difíciles y dolorosas, son necesarias para el trabajo común de la empresa y para hacer frente a los eventuales reveses de la fortuna».

Junto a estas cualidades, aún más importantes figuran la integridad, la transparencia, la honestidad en la palabra empeñada, la sinceridad en honrar los plazos y los pagos convenidos… los criterios cristianos, que originan el mayor valor agregado para hacer transacciones duraderas, fructíferas y rentables.

Perfeccionar estas cualidades y criterios cristianos -«Sed perfectos»- permitirá al empresario cumplir con la misión divina de gobernar el mundo en justicia y santidad, sometiendo a la tierra y cuanto en ella contiene.

Entendida dignamente su misión en el campo laboral, como colaborador del Plan de Dios, puede el empresario disfrutar su vida y su trabajo como un adelanto del gozo prometido, porque entonces habrá fructificado los talentos recibidos.

REGALARNOS MÁS POLÍTICOS

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Nuestros Obispos católicos del Perú, suelen emitir mensajes interpretando el signo de los tiempos electorales del país. Desde que tengo uso de razón política, en esos mensajes la Iglesia ha sido insistente en orientar que el voto católico no se dirija hacia la ideología liberal, ni tampoco a los socialismos.

Pero, hay una sustancial diferencia en el mensaje episcopal para las próximas elecciones del 10 de abril. Se formula un diagnóstico sobre las deficientes y débiles bases de nuestra sociedad política.

Los Obispos advierten de la anomia social que padecemos. De la deficiencia por la que un inmenso número de peruanos no cumplen las normas sociales de convivencia: las reglas éticas, jurídicas, de urbanidad, de las costumbres, etc… Esta normatividad cuando es de eficaz acatamiento, permite vivir en paz respetando los derechos de los demás. Pero, en contraste, constatamos a diario que hay violencia en los hogares peruanos, contra los niños; así como hay una minoría audaz que decide proyectos de vida y perpetran actos públicos impúdicos por su libérrima orientación sexual; y como en la práctica se da la manipulación del inicio de la vida humana, mediante la facilitación para abortar y la abominable creación de vida humana artificial.

Sociedad en estado de descomposición, con grave pérdida de identidad. Que padece –afirman nuestros Obispos– una crisis de representación política, porque el sistema no satisface, no sirve. Es incapaz de prometer o garantizar la recuperación social para salir de la degradación moral.

Los Obispos del Perú repiten una feliz expresión del Papa Francisco: “¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres!” Frase que el mismo Francisco la complementa así: “¡Pido a Dios que crezca el número de políticos capaces de (…) sanar las raíces profundas y no la apariencia de los males de nuestro mundo! La política, tan denigrada, es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común. (…) la caridad « (…) es (…) también (…) las relaciones sociales, económicas y políticas».

 

  Debemos suscitar la refundación republicana en el Perú, para que la política redima y transforme.

 


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Los desafíos de la Humanidad ante el siglo XXI, II Parte

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¿Cómo se presenta el siglo XXI? ¿Cómo se ve el horizonte en la Iglesia y en el mundo? ¿Cuál debe ser nuestra actitud como cristianos? 

SOLUCIONES DESDE LOS SECTORES RESPONSABLES  

1. Desde la realidad  política, económica y social:
Formar a los líderes políticos, sociales, económicos mediante congresos, cursillos, donde se expliquen los valores humanos, la doctrina social de la Iglesia.  Son ellos los que están en mejor posición para poder dar soluciones eficaces para remediar toda esta grave situación que hemos  descrito en la primera parte, en los campos que a ellos les conciernen. Para así comenzar a solucionar diversos problemas: el de las coimas, de la corrupción, de la malversación de bienes, de los hospitales para abortos; los problemas del capitalismo salvaje, del colectivismo despersonalizado, del desinterés por el pueblo. Pero mientras haya un gobernante megalómano, ambicioso, corrupto, deshonesto y aprovechado…tendremos guerras, fraudes, enjuagues, injusticias, tristezas, desesperanzas, y distintos tipos de protestas.

 

 Pero, ¿quién forma a estos líderes y dirigentes? Aquí tenemos un problema medular.  ¡Formación de dirigentes! Esta tarea de formar rectamente a los futuros dirigentes, ha de ser  uno de los deberes fundamentales del mismo Estado  y de los Gobiernos de turno.

 

También la Iglesia tiene que asumir esta tarea y muy seriamente. No puede sólo dedicarse a los pobres. Si quiere actuar de manera eficiente y eficaz, deberá formar a estos líderes que  puedan ayudar a solucionar el problema del hambre, de la vivienda, de las escuelas, de los hospitales.

 

2. Desde el ámbito educacional:
Las escuelas  y Universidades deben aspirar a la excelencia, pretender lo mejor. Así lograremos vidas ejemplares, coherentes, rotundas, llenas de sentido. Buscar siempre la verdad de todo: del mundo, de las cosas, del hombre, de lo divino. Implementar los programas de estudio, para que reciban una formación integral, completa, seria.

En tal sentido, hay una llamada muy seria  a los maestros, profesores, directores de colegios y de universidades. Tienen en sus manos el futuro del siglo XXI.

¿Qué quieren hacer con esos niños y jóvenes que pasan por sus aulas, recibiendo las herramientas con las que construirán esta  sociedad?  ¿Cómo entonces podremos hacer del  siglo XXI,  un siglo de paz, de fraternidad, de justicia y de valores? 

Comencemos por cambiar nuestras escuelas, elevarlas, llevar nuestras propuestas serias a la UNESCO y otros organismos pertinentes a los cuales tenemos derecho de  acudir en defensa de los valores de vida más preciados.
3. Desde la Familia: 
Acostumbrar a nuestros hijos a lo duro, a lo costoso. Que sepan que la vida es difícil, que hay que sacrificarse mucho. Que no todo es regalado. Darles motivaciones profundas, recias. Sentarse con ellos y “perder” un poco de tiempo para educarles, para charlar con ellos de lo que es verdaderamente la vida, el amor, la verdad, los valores humanos.

Papás, ocupémonos que en casa se respire un aire de armonía, de serenidad, de acogida, de simpatía mutua, de respeto, de sana alegría. Saber equilibrar los tiempos de trabajo y seriedad, con los de distensión y sana diversión. Equilibrar ahorro y generosidad. Y ayudar a los hijos a que vean con sus propios ojos las necesidades del prójimo para que se lancen a hacer algo por ellos. Que los papás cultiven en sus hijos la actitud de generosidad, para que al ver las necesidades del mundo y de la Iglesia se lancen a hacer algo concreto, serio y eficaz.

¡Qué hermoso sería que saliera de cada familia algún hijo o alguna hija que quiera colaborar un año o dos en los apostolados de la Iglesia, a tiempo completo, aquí o en otras partes del mundo! 

Los papás no podemos ser tan omisos  al permitir que nuestros hijos sean invadidos por esas propuestas que pretenden  justificar las uniones entre homosexuales, ahora  llamadas  “unión civil”. En este sentido los padres debemos  alertar a nuestros hijos para no dejarse influenciar por las nefastas propuestas de los movimientos homosexuales que buscan infiltrarse en la familia y cambiar los valores más preciosos bajo nuestra  custodia. Y  para colmo pretenden arrogarse la adopción de niños. Por toda esta terrible amenaza, resulta importantísimo  guiarlos a desarrollar un sentido correcto de su sexualidad.

Los papás somos los únicos responsables de sembrar en nuestros hijos los criterios católicos que les permitan enfrentar a un mundo donde se atenta contra la vida humana de los más inocentes, como son todas las propuestas abortistas. Así mismo para que sepan discernir el bien y el mal, el peligro y la tentación. Los papás debemos  educar  para que nuestros hijos no se contagien con los antivalores que saltan desde las pantallas del cine, de la televisión y desde muchas  otras fuentes de comunicación.

 

  4. Desde la Iglesia: 

La Iglesia tiene hoy en día una tarea ardua y difícil. No puede bajar la bandera ante las propuestas facilistas, relativistas, materialistas, hedonistas. Debe predicar íntegro el mensaje de Cristo sin cortapisas, sin recortes, sin glosas comodistas y acolchonadas. Pero debe predicarlo, no con tonos apocalípticos, pesimistas, amenazantes, oscurantistas, sino con la alegría y el gozo de quien predica la Buena Nueva, el Mensaje que da verdadera liberación interior. Debe predicarlo con el corazón en ascuas y con la convicción y resonancia de quien lo vive y ha hecho la experiencia del gozo de Cristo. La Iglesia no debe dar respuestas facilistas, emocionales, espectaculares, teatrales como para “ganarse adeptos”. Debe dar el mensaje íntegro de Cristo con la humildad y sencillez, pero con la convicción y pasión de la verdad.

 

 La Iglesia en el siglo XXI tiene que afrontar diversos frentes de batalla. Todos muy difíciles y hoy en día más fortalecidos que antes. No se trata de hacer una cruzada contra las sectas y otros sectores organizados sino más bien, apretar el paso en la transmisión del mensaje íntegro de Cristo, vacunando a la gente contra todas estas acechanzas, ya sea desde las homilías, ejercicios, retiros, cursos, misiones u otros medios. 

Por eso, la Iglesia debe promover mucho los diversos apostolados, donde los laicos se inserten y trabajen a fondo, para solucionar esos problemas y desafíos. Y para apoyar estos apostolados la Iglesia debe recurrir a  los medios  más eficaces para la nueva evangelización: Internet, televisión, radio, congresos, catequesis, centros de reflexión y estudio, misiones. Si en el siglo XXI la Iglesia no logra meterse a fondo en los medios de comunicación social, no será eficaz…irá a paso de tortuga. Y para esto necesita la ayuda de los profesionales, de los líderes en los campos económico y social que apoyen esta iniciativa.

La Iglesia, sí, debe ser un recinto de paz, cariño, acogida fraternal, pero también promover entre los laicos un trabajo serio, organizado y eficaz de apostolado.

Pero antes de encomendar a sus fieles a algún apostolado, la Iglesia debe formar bien a sus hombres porque hoy, más que nunca, los cristianos deben tener su fe bien asimilada, los principios morales bien definidos, porque se han levantado unas confusiones y una polvareda envolvente que pretende derribar la doctrina católica y crear en nosotros un hálito de superficialidad y ligereza, que dan mucho que pensar. Y para lograr esto, la Iglesia necesita de sacerdotes bien formados para orientar debidamente a los laicos.

Sin formación, podrá haber buena voluntad, pero no eficacia en llevar el mensaje de Cristo. Y este siglo XXI necesita ver que la Iglesia es eficaz, que no se queda en las sacristías, que se lanza a través de sus laicos a las calles, al campo político, social, económico, industrial, médico, obrero, pedagógico y otros campos fértiles para recuperar los valores que hayamos perdido.

 La Iglesia prestará mucha atención a la familia, que es la más atacada hoy día desde todos los lados. Preparará muy bien a los jóvenes, a los novios. Promoverá apostolados destinados a fomentar las convivencias de matrimonios, jornadas de reflexión con los papás.

 

Autor P. Antonio Rivero LC

Adaptado por  Editor COEC

 

Los desafíos de la Humanidad ante el siglo XXI, I Parte

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¿Cómo se presenta el siglo XXI? ¿Cómo se ve el horizonte en la Iglesia y en el mundo? ¿Cuál debe ser nuestra actitud como cristianos?

PROBLEMÁTICA

Si tuviéramos que resumir en una palabra el gran desafío que tenemos en el siglo XXI, es lo que un autor español ha llamado la cultura light, es decir  inconsistente. Desde los años ochenta en el mercado se vienen  ofreciendo una serie de productos con las aparentes  ventajas de  lo “light”: comidas sin calorías, sin grasas, aparentemente  inofensivas, neutras,  inocuas,  mientras no se midan  sus efectos secundarios.

Pero, lo  grave de todo esto es que el “producto terminado” de esta fábrica del siglo XXI  esta reconvirtiendo  al hombre, formando una cultura light: un hombre sin valores, sin sustancia, sin contenido, con escasa educación humana, entregado a la superficialidad, a la ligereza, a lo banal. Sus afirmaciones lo dicen todo: “Todo vale…qué mas da…las cosas han cambiado”.
Las conquistas técnicas y científicas -impensables hace tan sólo unos años- nos han traído unos logros evidentes: la revolución informática, los avances de la ciencia en sus diversos aspectos, etc. Pero frente a todo ello, esta cultura del siglo XXI ha penetrado en nuestra sociedad con diferentes rostros, o si se quiere, sostenida sobre los  pilares que comentamos a continuación.

1. La Permisividad: lo importante es siempre hacer lo que uno quiera, en todos los campos. Todo me es permitido; basta que yo pueda hacerlo. Todo lo damos por bueno y le restamos importancia. Esta permisividad se va colando dentro de nosotros y nos pone delante de los ojos la realidad de una libertad sin cortapisas, en la que lo importante es hacer lo que te apetezca, no ir contra las inclinaciones que piden paso, ya que eso puede ser nocivo para la salud mental. Su lema es: “Esto me apetece; esto no me apetece”. Esta permisividad también se ha colado en la Iglesia, y se ha querido filtrar en el campo moral y doctrinal, donde, por ejemplo, sacerdotes niegan el infierno, dan la comunión a divorciados vueltos a casar, permiten las relaciones prematrimoniales, dicen que el autoerotismo no es pecado, sino una fase normal de la adolescencia. Por tanto, la Iglesia no está exenta de este fenómeno.

2. El Relativismo: esta corriente es un aliado del punto anterior. Nada es absoluto, todo depende en última instancia del propio punto de vista, de lo que a uno le parezca. Esto nos conduce  hacia el escepticismo, la desvalorización del conocimiento, que se torna incapaz de acceder a sus cimas más altas. Si todo es relativo, si todo es bueno y malo, si nada es definitivo, ¿qué más da? Lo importante es hacer lo que quieras, aquello que te apetezca o dicte el momento. El relativismo es ese dios moderno y poderoso que reclama un punto de vista subjetivo para todo, ya que no existe una verdad absoluta. Defiende la utilidad, lo práctico, la idea de que el fin justifica los medios. Su lema es: “Según desde el punto de vista que se mire”.

3. Un Hedonismo y sexualidad rebajada y trivializada: lo fundamental es pasarlo bien sin restricciones. El placer por el placer; disfrutar sin privarse de nada; lo importante es disfrutar, pasarlo bien y sortear cualquier sufrimiento, porque para la sociedad que ellos quieren, proponer el sufrimiento es un sinsentido, es más, es un atentado al hedonismo. Su lema es: “Disfruta al máximo”.

4. Un Consumismo galopante: hijo directo del hedonismo. Nos lleva a comprar y acumular más y más cosas. El único horizonte de éste  ideal del consumo es  la multiplicación o  continua sustitución de unos objetos por otros mejores. Este consumismo se remata en el viejo dicho de “tanto tienes, tanto vales”. Su lema es: “Compra, usa, tira”.

5. El Materialismo: el ser humano se va convirtiendo en objeto, en materia; va dejando de ser alguien para ser algo. Y ese vértigo de sensaciones placenteras tiene un tono devorador. El escritor americano Lasch, en su libro La cultura del narcisismo, lo describe así: Cuidar la salud, desprenderse de los complejos, esperar las vacaciones: vivir sin ideal y sin objetivos trascendentes”. La enfermedad de Occidente es la de la abundancia: tener todo lo material y haber reducido al mínimo lo espiritual. Es gente  repleta de cosas, pero sin brújula, indiferente por saturación. Su lema es: “Sólo lo material es lo aferrable, lo que cuenta”.

6. Una  Religión y espiritualidad a la carta: ofrecida por las innumerables sectas que están pululando por doquier. Religión y espiritualidad que nos están conduciendo a un nuevo paganismo, con la aparición de dioses de la historia universal que conviven con otros nuevos dioses, como el sexo, el dinero, el poder y el placer. Su lema es: “Toda religión es buena”.

7. Medios de comunicación social, como fábrica de mentiras, que tergiversan la verdad, distorsionan la realidad, inculcan una cultura superficial, barata, chata, que da rienda suelta a los instintos más animales que tenemos, que destruyen los valores humanos y cristianos que nos alimentaban y formaban. Estos medios de comunicación social están promoviendo el hombre light, ese personaje sin mensaje interior. Tomen, por ejemplo, las telenovelas, las revistas del corazón. En esas parejas todo está preparado para la ruptura. Y todo es presentado con risas, sin seriedad, de manera superficial. Se presenta el modelo light sin drama.

 
II CONSECUENCIAS DE ESTA RECONVERSIÓN CULTURAL. 

Todos estos fenómenos dan como resultado una deformación de la vida, del matrimonio, del amor, de la sexualidad, de los valores humanos y cristianos, y trae  consecuencias desastrosas:

* Una ética light, inconsistente: sin peso, sin valores, donde todo es superficial, transitorio y fugaz, nada es profundo, nada es serio.

* Una vivencia Light de la religión, donde cada uno aplica a  su vida los criterios y valores  fundamentales del cristianismo como más le conviene.

* Falta de criterio moral, pues la mente no piensa ni razona; frivolidad, apatía, indiferencia, falta de ilusión en la vida, hastío, aburrimiento, depresión, pues la voluntad no reacciona, no se mueve por no tener motivos. Confusiones impresionantes, pues no se sabe discernir.

* Amor a la carta, inmadurez afectiva, pues el corazón se abandona a sus caprichos y gustos y no se apoya en la cabeza, es decir, en el criterio.

* Falta de compromisos serios, irreversibles.

* Mentalidad hipocondríaca: esa actitud ante el propio cuerpo que se manifiesta por una preocupación excesiva por la salud, lo que lleva a la observación minuciosa de cualquier molestia. Se está pendiente de cualquier manifestación física, por pequeña que sea, y pensar en lo peor.

Frente a todas estas realidades negativas, que conforman un complejo desafío, se hace necesario atender las necesidades  prioritarias:

1. Necesidad de interioridad, de espiritualidad para el alma

2. Necesidad de amor y afectividad para el corazón

3. Necesidad de principios sólidos, estables y duraderos para la mente

4. Necesidad de motivaciones convincentes para la voluntad

5. Necesidad de una justicia largamente esperada, de una política que busque el bien común, de una economía que no desvista a unos para enriquecer a unos cuantos privilegiados.

6. Necesidad de volver a sostener nuestra sociedad sobre esos valores humanos y sociales que soñaron nuestros próceres: amor a la patria, religiosidad, educación, respeto, etc.

Nota: El presente artículo continúa en el  Boletin  de Febrero 2015.

 Autor P. Antonio Rivero LC
Articulo adaptado por Editor COEC