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Felicidad y Etica

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“¿Y qué gano si me porto bien?” Cuando un adolescente o un joven pregunta esto, quiere que le demos un motivo para portarse bien, para vivir éticamente, para ver si realmente vale la pena no seguir sus gustos sino lo que le dicen o ya sabe   que es correcto. Cuando es un adulto quien hace esta pregunta, quizá lo hace porque los golpes de la vida le llevan a pensar que actuar honestamente no siempre produce felicidad. Incluso, porque cree que los malos, con su aparente victoria y su sonrisa de triunfo, muestran que es posible ser felices en medio del vicio y la injusticia.  Necesitamos demostrar que no hay verdadera felicidad sin vivir éticamente. Lo cual implica tres cosas. Primero, tener una idea clara de lo que es la felicidad. Segundo, comprender bien lo que es la ética. Y tercero, ver que el único camino para ser felices es vivir éticamente.

QUE ES LA FELICIDAD?

La felicidad es algo mucho más profundo y más noble que simplemente satisfacer cualquier deseo o capricho.Definir así la felicidad no evita, sin embargo, un serio problema: cualquier vida humana está continuamente sometida a imprevistos, en todos los niveles, personal y social, corporal y espiritual.Este problema nos hace mirar más allá de la muerte, y preguntarnos por lo que pueda haber detrás de la frontera. De lo contrario, tendríamos que aceptar trágicamente que muchos hombres honestos han sufrido enormes desgracias, mientras muchos malhechores presumen de aparentes “alegrías”. Y que luego, unos y otros se pierden en la nada, como si no hubiese ningún juicio que pusiese las cosas en su sitio, como si no existiese ningún Dios que llene de gozo a los buenos y que “castigue” a los criminales irredentos.No basta, desde luego, con suponer y “esperar” que exista otra vida para completar la idea de felicidad: sobre un punto tan importante hace falta la máxima certeza posible. La misma filosofía ha ofrecido buenos argumentos para mostrar que el hombre es un ser inmortal, que la muerte no absorbe a quienes llegan a la tumba.

Argumentos, hay que reconocerlo, que no todos aceptan, pero eso no les priva de validez. También hay quienes piensan que la violencia puede ser usada cuando a uno le beneficia, y no por ello la idea contraria deja de ser verdadera y defendible desde un punto de vista simplemente racional. Podríamos decir, como una primera conclusión, que la felicidad consiste en la plenitud integral del hombre. Una plenitud que le permite desarrollar armónicamente sus distintas dimensiones, sea como persona individual, sea como persona en sociedad, sea en el tiempo, sea en la eternidad. Cuando la plenitud se consigue, somos felices. En el cuerpo y en el alma, con los bienes materiales y con los amigos verdaderos, con las satisfacciones de una vida plena que pone orden a tendencias no siempre orientadas a lo bueno, y que acrecienta las potencialidades espirituales de quienes buscan lo noble, lo bello.

QUÉ ES LA  ETICA?

Si la felicidad consiste en lograr esa plenitud integral a la que todos estamos llamados, la ética no podrá ser un conjunto de normas, leyes o costumbres que nos aparten de ese objetivo, sino que tiene que orientarnos necesariamente a conseguir ésa meta tan valiosa.   Por desgracia, a lo largo de los últimos 300 años se han elaborado teorías sobre la ética que han dejado de lado un profundo y serio estudio sobre el hombre. En vez de reconocer las dimensiones fundamentales que componen la naturaleza humana, se han limitado a analizar deseos, sentimientos, estados psicológicos de las personas.

En este contexto, algunos han afirmado que es bueno aquello que nos llena de una satisfacción más o menos profunda, que es malo aquello que nos provoca inquietudes o sentimientos de fracaso. Si aceptásemos esto, habría que reconocer que hay tantas visiones éticas como ideas pasan por las cabezas y los corazones de millones de seres humanos que viven de modos muy distintos entre sí.

Otros autores, más que fijarse en el sujeto que actúa, han elaborado sus teorías éticas con la mirada puesta en la sociedad. Según estas teorías, son los demás, los otros, esa “mayoría” que aprueba o condena lo que hacemos, quienes imponen costumbres y normas, quienes dicen lo que es bueno o lo que es malo. Lo cual lleva a un sinfín de problemas, pues a lo largo de los siglos y a lo ancho del planeta, las normas han sido y son sumamente diferentes.

Para los antiguos griegos y romanos era algo aceptable el eliminar a los niños defectuosos, el hacer esclavos a los vencidos, el ver a la mujer como alguien inferior y sometido.   Para muchos modernos, el aborto es visto como un “derecho”, e incluso un deber, cuando se trata de evitar el nacimiento de hijos no deseados. Y los ejemplos se podrían multiplicar casi hasta el infinito.

Ni el subjetivismo ni el sociologismo nos llevan a comprender lo que es la ética. Entonces, ¿qué es la ética? En su definición más profunda, es una disciplina que nos ayuda a orientar nuestros actos libres en orden a conseguir, en la medida de lo posible, la realización completa de nuestra humanidad. Aunque tengamos que sacrificar algún deseo no muy loable, aunque tengamos que enfrentarnos a las ideas de los que viven a nuestro lado.

Esta definición se apoya en una antropología integral: una antropología que no deje de lado lo corpóreo, como en ciertas corrientes “angelistas”. Ni tampoco lo espiritual, como en los materialismos que han querido sofocarnos durante más de 200 años, y que no acaban de desaparecer en las cabezas de algunos pensadores que se declaran “iluminados” en medio de la oscuridad de sus dudas y sus errores…

Con las definiciones de ética y de felicidad que acabamos de esbozar en cierto modo ya estamos en vías de entrever el nexo entre ética y felicidad. Si la felicidad consiste en la plenitud del vivir humano, y si la ética nos ayuda a orientar nuestros actos hacia esa plenitud, entonces la ética nos debería llevar a ser felices. Es decir, quien vive éticamente se pone en marcha para vivir plenamente su condición humana, y en la medida en que lo logra alcanzará la deseada felicidad.

Aquí, sin embargo, hay que reconocer de nuevo que algunos obstáculos nos separan de ésa meta. De modo especial, podemos fijarnos en dos aspectos ya en parte mencionados anteriormente.

El primero consiste en la fragilidad de nuestro cuerpo. Vivimos una existencia temporal en la que la enfermedad, los imprevistos, los peligros de todos los días, ponen en juego nuestra integridad física y nuestras posibilidades de llevar a cabo aquello que desearíamos hacer.                                                                                                    En segundo lugar, constatamos la fragilidad de nuestra voluntad. Hay momentos en los que vemos con claridad que un acto nos conviene, que es bueno, que beneficia a otros. Luego, el cansancio, la pereza, el miedo al fracaso o a las críticas, nos acorralan, y no hacemos aquello que deberíamos y que nos habíamos propuesto.

Los casos son infinitos. Un señor que se había comprometido a visitar a un amigo enfermo termina la tarde en el bar junto a otros  amigos. Un joven que estudia medicina y tiene que pasar un examen vuelve a suspender porque prefirió ir a la discoteca en vez de dedicar la tarde para hacer sus deberes universitarios.                    Un político sabe que determinada decisión le quitará votos pero que ella beneficiaría al país, y al final prefiere ceder al miedo y opta por otra decisión más cómoda que le permita mantenerse en el poder aunque a la larga provocará muchos males sociales. Estos y otros miles de ejemplos muestran la debilidad que nos asalta, sea por miedo, sea por intereses turbios, sea por otros factores.

Por eso, el camino hacia la felicidad está lleno de baches, de accidentes, de fracasos. Unos, que escapan a nuestro control. Nos llegan, previstos o imprevistos, y parecen truncar proyectos profundamente acariciados. Otros, que pudimos haber evitado, y no lo hicimos porque no quisimos o no supimos vencer perezas, deseos de placer o ambiciones de poder, porque nos dejamos esclavizar por un “triunfo” aparente.                                                                                

 Quien es capaz de orientarse siempre hacia el bien, quien forma su conciencia y la sigue gustosamente, quien antepone la verdad y la justicia a cualquier interés egoísta, podrá quizá no realizar algunos de sus sueños… Pero sentirá en su corazón que, a pesar de todo, ha querido hacer el bien, y ello produce una felicidad profunda, que permite brillar en una cama de dolor, en un campo de exterminio, en una casa mientras se vive abandonado por familiares y amigos, con una luz que es propia de almas grandes.
Autor:      Padre Fernando Pascual L.C. Church Forum
Adaptado por Editor COEC
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REGALARNOS MÁS POLÍTICOS

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Nuestros Obispos católicos del Perú, suelen emitir mensajes interpretando el signo de los tiempos electorales del país. Desde que tengo uso de razón política, en esos mensajes la Iglesia ha sido insistente en orientar que el voto católico no se dirija hacia la ideología liberal, ni tampoco a los socialismos.

Pero, hay una sustancial diferencia en el mensaje episcopal para las próximas elecciones del 10 de abril. Se formula un diagnóstico sobre las deficientes y débiles bases de nuestra sociedad política.

Los Obispos advierten de la anomia social que padecemos. De la deficiencia por la que un inmenso número de peruanos no cumplen las normas sociales de convivencia: las reglas éticas, jurídicas, de urbanidad, de las costumbres, etc… Esta normatividad cuando es de eficaz acatamiento, permite vivir en paz respetando los derechos de los demás. Pero, en contraste, constatamos a diario que hay violencia en los hogares peruanos, contra los niños; así como hay una minoría audaz que decide proyectos de vida y perpetran actos públicos impúdicos por su libérrima orientación sexual; y como en la práctica se da la manipulación del inicio de la vida humana, mediante la facilitación para abortar y la abominable creación de vida humana artificial.

Sociedad en estado de descomposición, con grave pérdida de identidad. Que padece –afirman nuestros Obispos– una crisis de representación política, porque el sistema no satisface, no sirve. Es incapaz de prometer o garantizar la recuperación social para salir de la degradación moral.

Los Obispos del Perú repiten una feliz expresión del Papa Francisco: “¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres!” Frase que el mismo Francisco la complementa así: “¡Pido a Dios que crezca el número de políticos capaces de (…) sanar las raíces profundas y no la apariencia de los males de nuestro mundo! La política, tan denigrada, es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común. (…) la caridad « (…) es (…) también (…) las relaciones sociales, económicas y políticas».

 

  Debemos suscitar la refundación republicana en el Perú, para que la política redima y transforme.

 


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La oclocracia

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En Octubre del año 2012, Richard Web, escribía  en El Comercio un articulo que titulaba  “¿Oclocracia a la vista?”. Hoy en día podemos ver   como ésta degeneración de la democracia ya se ha  manifestado   en  distintos ámbitos de la sociedad.

Oclocracia – palabra fea para algo feo. Es el gobierno de la muchedumbre,  la turba, la amenaza, la corrupción. Lo más feo es que se confunde fácilmente con la democracia, el gobierno de todos para el bien de todos, el más bello de los gobiernos. Los signos exteriores de una democracia pulcra – su discurso y sus formas – son el manto que se pone el lobo feroz oclocrático para confundirnos. El despotismo y la oligarquía son los enemigos tradicionales de la democracia, y de eso se aprovecha el oclócrata, quien disfraza su interés económico o político levantando la bandera de defensor contra esos enemigos más conocidos.  El camino a la oclocracia termina siendo la degeneración de la democracia.
Pero allí donde la tiranía es descaradamente abierta, casi formal, la oclocracia es hipócrita e informal, y así termina siendo el enemigo más peligroso, por lo menos en un mundo moderno donde se ha impuesto la religión única de la democracia. Nos incomoda ponerle nombre a la oclocracia, no sólo por la fealdad lingüística, sino porque es manchar la sagrada democracia. Sin embargo, para Platón sí existía la mala democracia.

Lo que distingue la democracia buena de la mala es que no pierde de vista al conjunto. Es frecuente oponer los derechos del individuo al interés de la colectividad, pero se olvida que la vida colectiva en un país es parte integral del ser humano, una forma de realizarnos como personas. La defensa a ultranza del derecho humano individual necesariamente vulnera el derecho humano colectivo.

Ciertamente, lograr un balance es un reto nada envidiable. ¿Cuándo y hasta cuánto debe respetarse al individuo en contra del interés colectivo? No obstante esa duda teórica, el país es testigo hoy de una avalancha de desacatos de las reglas colectivas, motivadas por fines personales o de grupo. Muchos son fines legítimos y respetables, como el derecho de un campesino de saber que una mina no destruirá su medio ambiente, pero el desacato diario actual ha ido más allá, volviéndose casi una práctica normal de cualquier negocio y de cualquier acto político. Los costos para la colectividad son múltiples: días de trabajo, clases no dictadas, atenciones médicas no realizadas, impuestos no cobrados, prioridades legislativas y administrativas desatendidas, además de la injusticia de una economía  que termina funcionando en función del arrebato.

El desacato se impone por actos de fuerza, pero la explicación también se encuentra en el cableado de nuestra democracia, una combinación de normas, instituciones y cultura que nos discapacita defensivamente, y deja un ancho espació para el accionar de las turbas. Lo más fácil de constatar es la indulgencia penal, producto de una combinación de normas benevolentes, y de la corrupción tanto en Poder Judicial como en el sistema penitenciario. Otro componente de ese cableado es el alto desarrollo que ha logrado el sistema institucional de protección de derechos personales, en la que  se unen instituciones públicas como la Defensoría del pueblo con ONGs y hasta con entidades fiscalizadoras extranjeras, sin que exista una contraparte  institucional dedicada a la defensa de los derechos colectivos.

LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN:Salvaguardar la integridad

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Terminar con la corrupción no ha sido ni será una tarea fácil, pero es responsabilidad de todos crear una cultura de honestidad y transparencia en el mundo.

Hoy continúan los esfuerzos por hacer realidad lo que se acordó en el mes de mayo del año 2001, fecha en la que se llevó a cabo el II Foro Global de la Lucha contra la Corrupción por Salvaguardar la Integridad, en La Haya, Holanda. Aquí se dieron cita miles de representantes de gobiernos, organizaciones internacionales y delegados de la sociedad civil de 190 países; casi todos los países del mundo unidos para combatir la corrupción, lo que indica que el tema es un mal que aqueja a muchos.

En aquel Foro Global Anticorrupción, la organización Transparencia Internacional se propuso “Cerrar el Casino de la Corrupción”, sin embargo, la corrupción es un mal que cada vez va en aumento a pesar de los esfuerzos realizados.

El Foro terminó con una declaración final cuyo propósito fue que sirviera de base para un futuro tratado anti-corrupción de la Naciones Unidas (ONU). Buscó encarar la corrupción desde diferentes perspectivas, para lo cual se crearon 5 Grupos de Trabajo, todos a puertas cerradas: Integridad y Gobierno; Fortalecimiento de Leyes; Aduanas; Corrupción, Transición y Desarrollo; Gobiernos y Sector Empresarial; mismas que parecen abarcar las áreas en las que la corrupción puede ser abordada de una manera directa para el verdadero desarrollo social, sin embargo, hasta ahora parece que la conferencia de La Haya quedará como una más de las celebradas sobre la lucha contra la corrupción.

La Corrupción, Un Mal Global Que No Respeta A Nadie
El ministro de Justicia de Holanda, Benk Korthals, abrió aquel foro afirmando que “ningún país puede protegerse del impacto de la corrupción más allá de sus fronteras y, por lo tanto, todas las naciones deben trabajar juntas para luchar contra la corrupción”.

“La corrupción es un mal que aflige no sólo a los países en vías de desarrollo, sino también al mundo desarrollado”, dijo Tunku Abdul Aziz, vicepresidente de Transparencia Internacional y agregó: “la corrupción es neutral, no respeta a ninguna nación por grande o pequeña que sea, ni por rica o pobre que sea”.

Para Transparencia Internacional (TI) hay dos culpables: las elites políticas corruptas y los empresarios e inversionistas corruptos.

¿Los delitos? “Atrapar a naciones enteras en la pobreza y obstaculizar el desarrollo sostenible” y “colocar el beneficio privado antes del bienestar de los ciudadanos y del desarrollo económico de sus países” afirmó Peter Eigen, el presidente de Transparencia Internacional al lanzar el Índice de Percepción de Corrupción 2002 (IPC) y mencionó que en un puntaje de 1 a 10 (de mayor a menor nivel de percepción de corrupción) 70 de 102 países clasificados no lograron pasar los 5 puntos.

De hecho, como afirma Gallegos, F. “Estamos asistiendo al nacimiento de una corrupción supranacional. En un mundo y economía globalizados es difícil pensar que la corrupción es sólo un problema local”.

Así mismo, la Iglesia nos dice que la paz mundial depende en buena medida de la solidaridad entre las naciones y los pueblos; así mismo afirma que “la solidaridad internacional es una exigencia de orden moral” Catecismo de la Iglesia Católica, no. 1941.

Y es que las naciones tienen también una vocación de amor, de apoyo y de fraternidad, cada nación debe ser colaboradora del bien común mundial.

Injusticia, Credibilidad, Ingobernabilidad.
La corrupción es un problema que afecta a todos, las injusticias, los engaños, los abusos de cualquier índole ya sea económico, político social van en contra de la dignidad de la persona humana que exige ser respetada. La las injusticias que provocadas por la corrupción ponen en juego la credibilidad de un gobierno, de la autoridad política que tiene a su cargo una nación, por lo que genera la ingobernabilidad de un país y ocasiona problemas sociales como la delincuencia.

Como vemos, la corrupción no sólo tiene efectos en la economía de los países como es el caso del comercio europeo al que le cuesta unos US $80.000.000.000 al año; sino también en la credibilidad de los ciudadanos en los sistemas políticos, como señaló Eigen:
“En algunos países de Sudamérica, el soborno y el mal gobierno de las élites políticas le restaron credibilidad a las estructuras democráticas que aparecieron después del fin de algún gobierno militar”.

Por lo que es preciso que la sociedad asegure la justicia social procurando las condiciones que permitan a las asociaciones y a las personas un trato adecuado y reciban lo que es debido.

Encontramos en el Catecismo de la Iglesia Católica en el numeral 2409, que corrupción es “Toda forma de tomar o retener injustamente el bien ajeno, aunque no contradiga las disposiciones de la ley civil, retener deliberadamente bienes prestados u objetos perdidos, defraudar en el ejercicio del comercio, pagar salarios injustos, elevar los precios especulando con la ignorancia o la necesidad ajenas”, nos dice también que son moralmente ilícitos, la especulación mediante la cual se pretende hacer variar artificialmente la valoración de los bienes con el fin de obtener un beneficio en detrimento ajeno; la corrupción mediante la cual se vicia el juicio de los que deben tomar decisiones conforme a derecho; la apropiación y el uso privados de los bienes sociales de una empresa; los trabajos mal hechos, el fraude fiscal, la falsificación de cheques y facturas, los gastos excesivos, el despilfarro. Infligir voluntariamente un daño a las propiedades privadas o públicas es contrario a la ley moral y exige reparación.”

Así mismo otra forma de corrupción es el escándalo y las condiciones sociales que no contribuyen al bien común “El escándalo puede ser provocado por la ley o por las instituciones, por la moda o por la opinión. Así se hacen culpables de escándalo quienes instituyen leyes o estructuras sociales que llevan a la degradación de las costumbres y a la corrupción de la vida religiosa, o a “condiciones sociales que, voluntaria o involuntariamente, hacen ardua y prácticamente imposible una conducta cristiana conforme a los mandamientos”. Lo mismo ha de decirse de los empresarios que imponen procedimientos que incitan al fraude, de los educadores que “exasperan” a sus alumnos, o de los que, manipulando la opinión pública, la desvían de los valores morales.” CIC, no. 2286.

Corrupción Y Protección De La Integridad
La corrupción socava la legitimidad de las instituciones públicas, atenta contra la sociedad, el orden moral y la justicia, así como contra el desarrollo integral de los pueblos.

Los sobornos, las “mordidas”, el nepotismo y la malversación de fondos se encuentran afectando los derechos de las personas; actividades ilícitas que se consideran dentro del derecho internacional para ser atendidas.

Ahora bien, corrupción significa “alterar y trastocar la forma de alguna cosa”. Por lo que podemos decir que se ha alterado el orden de muchas cosas por las cuales encontramos una corrupción global pero no me refiero solo de la que hemos estado hablando, la corrupción económica o política; sino de los diferentes ámbitos el físico, el psicológico, el social y el espiritual.

Por lo que proteger la integridad significa no solo atender los desordenes políticos y económicos sino los sociales buscando el bien y la transparencia al hablar de todo tipo de temas.

Crear Una Conciencia Pública Del Problema De La Corrupción.
Transparencia Internacional (TI), es la única organización no gubernamental a escala universal dedicada a combatir la corrupción, congrega a la sociedad civil, sector privado y los gobiernos en una asta coalición global.

En el ámbito internacional, TI impulsa campañas de concientización sobre los efectos de la corrupción, promueve la adopción de reformas políticas, el establecimiento de convenciones internacionales sobre la materia; alienta la adhesión a las mismas y luego observa la implementación de dichos acuerdos por parte de los gobiernos, corporaciones y empresas. Asimismo, a nivel nacional, los capítulos de Transparencia Internacional actúan en procura de una mayor transparencia y la materialización del principio de rendición de cuentas. Con este fin, TI monitorea el desempeño de algunas instituciones claves y ejerce presión para la adopción no-partidista de las reformas que sean necesarias.

Sin embargo, “Nada se hace en esta materia si los ciudadanos no tienen conciencia sobre el problema y no le exigen a los funcionarios y gobernantes que hagan algo”, dijo Roberto de Michelle, director de Política de Transparencia de la Oficina Anti-corrupción de Argentina.

Así que todas las personas son responsables de que se viva un mundo más humano, lejos del engaño, del error, del abuso y el fundamento para luchar por ello es el respeto a la dignidad de las personas.

Por lo que en el fondo de las cosas, es esta dignidad de las personas la que ha de impulsar a reforzar los esfuerzos para reducir las excesivas injusticias y desigualdades en los ámbitos no solo de la economía sino también de educación, política, salud, en los medios masivos de comunicación, en la readaptación social, etc.

La Mejor Arma: La Educación
Los países no están conformes con el índice de corrupción que actualmente vivimos y será hasta 2003 cuando se realizará el próximo Foro Anti-Corrupción en Corea del Sur, y correrá paralelo a la Décima Conferencia Internacional Anti-Corrupción de las Naciones Unidas.
En el mundo “La armonía en la que se encontraba, establecida gracias a la justicia original, quedó destruida; el dominio de las facultades espirituales del alma sobre el cuerpo se quiebra… A causa del hombre, la creación es sometida a la servidumbre de la corrupción (Rm 8,20)…” Catecismo de la Iglesia Católica, no. 400
“En cuanto al cosmos, la Revelación afirma la profunda comunidad de destino del mundo material y del hombre: Pues la ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios… en la esperanza de ser liberada de la servidumbre de la corrupción… Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto. Y no sólo ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo (Rm 8,19-23)” CIC, no. 1046.

Ojala que algo se pueda hacer, esperemos que sí y que su punto de partida y de llegada sea el respeto a la dignidad de la persona humana, y tengan como principios fundamentales la solidaridad y la subsidiaridad, solo así podrán atender de fondo este problema y encontrar verdaderas soluciones a los problemas de corrupción que el mundo ha sufrido y sufre hoy en día.

“Preparar a la gente contra la corrupción es fundamental, porque el problema en Ecuador y en la mayoría de los países de América Latina es que los niños, los jóvenes y la gente común crecen en un ambiente de ignorancia respecto a la corrupción, y de esta forma el poder y los corruptos fácilmente los engañan. Aprendiendo bien qué es la corrupción uno se prepara, se vacuna contra este mal” mencionó uno de los representantes de gobierno en el Foro que mencionamos en párrafos anteriores.

Pero eso no lo es todo, es preciso “educar” con paciencia, a los futuros dueños del mundo, a los futuros empresarios, políticos, servidores privados y públicos, es urgente enseñar a los niños y jóvenes lo que verdaderamente no da paso a la corrupción, me refiero a los valores y virtudes que hacen de un hombre un ser personal, un ser sin dobleces, un hombre transparente, de una sola pieza.

Estos valores y virtudes son la honestidad, el respeto, la solidaridad, la verdad, la justicia, la benevolencia y la caridad entre otros, mismos que es preciso que formen parte de la personalidad de cada ser humano.

Terminar con la corrupción no ha sido ni será una tarea fácil, pero es responsabilidad de todos, de los gobernantes, de los políticos, de los empresarios e inversionistas, de los medios de comunicación, de las escuelas y prioritaria y especialmente de los padres de familia; ellos son los principales educadores, que con su vida han de mostrar el camino que a sus hijos les llevará a ser personas íntegras que lucharan por un mundo más honesto, más humano, sin corrupción. Los niños necesitan de su ejemplo para aprender y darse cuenta de que a pesar de este mal que aqueja hoy al mundo, se puede ser justo, honesto y leal. No olvidemos que siempre y en todo se empieza por casa.

Autor:  Mª. del Rosario G. Prieto Eibl