Los desafíos de la Humanidad ante el siglo XXI, II Parte

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¿Cómo se presenta el siglo XXI? ¿Cómo se ve el horizonte en la Iglesia y en el mundo? ¿Cuál debe ser nuestra actitud como cristianos? 

SOLUCIONES DESDE LOS SECTORES RESPONSABLES  

1. Desde la realidad  política, económica y social:
Formar a los líderes políticos, sociales, económicos mediante congresos, cursillos, donde se expliquen los valores humanos, la doctrina social de la Iglesia.  Son ellos los que están en mejor posición para poder dar soluciones eficaces para remediar toda esta grave situación que hemos  descrito en la primera parte, en los campos que a ellos les conciernen. Para así comenzar a solucionar diversos problemas: el de las coimas, de la corrupción, de la malversación de bienes, de los hospitales para abortos; los problemas del capitalismo salvaje, del colectivismo despersonalizado, del desinterés por el pueblo. Pero mientras haya un gobernante megalómano, ambicioso, corrupto, deshonesto y aprovechado…tendremos guerras, fraudes, enjuagues, injusticias, tristezas, desesperanzas, y distintos tipos de protestas.

 

 Pero, ¿quién forma a estos líderes y dirigentes? Aquí tenemos un problema medular.  ¡Formación de dirigentes! Esta tarea de formar rectamente a los futuros dirigentes, ha de ser  uno de los deberes fundamentales del mismo Estado  y de los Gobiernos de turno.

 

También la Iglesia tiene que asumir esta tarea y muy seriamente. No puede sólo dedicarse a los pobres. Si quiere actuar de manera eficiente y eficaz, deberá formar a estos líderes que  puedan ayudar a solucionar el problema del hambre, de la vivienda, de las escuelas, de los hospitales.

 

2. Desde el ámbito educacional:
Las escuelas  y Universidades deben aspirar a la excelencia, pretender lo mejor. Así lograremos vidas ejemplares, coherentes, rotundas, llenas de sentido. Buscar siempre la verdad de todo: del mundo, de las cosas, del hombre, de lo divino. Implementar los programas de estudio, para que reciban una formación integral, completa, seria.

En tal sentido, hay una llamada muy seria  a los maestros, profesores, directores de colegios y de universidades. Tienen en sus manos el futuro del siglo XXI.

¿Qué quieren hacer con esos niños y jóvenes que pasan por sus aulas, recibiendo las herramientas con las que construirán esta  sociedad?  ¿Cómo entonces podremos hacer del  siglo XXI,  un siglo de paz, de fraternidad, de justicia y de valores? 

Comencemos por cambiar nuestras escuelas, elevarlas, llevar nuestras propuestas serias a la UNESCO y otros organismos pertinentes a los cuales tenemos derecho de  acudir en defensa de los valores de vida más preciados.
3. Desde la Familia: 
Acostumbrar a nuestros hijos a lo duro, a lo costoso. Que sepan que la vida es difícil, que hay que sacrificarse mucho. Que no todo es regalado. Darles motivaciones profundas, recias. Sentarse con ellos y “perder” un poco de tiempo para educarles, para charlar con ellos de lo que es verdaderamente la vida, el amor, la verdad, los valores humanos.

Papás, ocupémonos que en casa se respire un aire de armonía, de serenidad, de acogida, de simpatía mutua, de respeto, de sana alegría. Saber equilibrar los tiempos de trabajo y seriedad, con los de distensión y sana diversión. Equilibrar ahorro y generosidad. Y ayudar a los hijos a que vean con sus propios ojos las necesidades del prójimo para que se lancen a hacer algo por ellos. Que los papás cultiven en sus hijos la actitud de generosidad, para que al ver las necesidades del mundo y de la Iglesia se lancen a hacer algo concreto, serio y eficaz.

¡Qué hermoso sería que saliera de cada familia algún hijo o alguna hija que quiera colaborar un año o dos en los apostolados de la Iglesia, a tiempo completo, aquí o en otras partes del mundo! 

Los papás no podemos ser tan omisos  al permitir que nuestros hijos sean invadidos por esas propuestas que pretenden  justificar las uniones entre homosexuales, ahora  llamadas  “unión civil”. En este sentido los padres debemos  alertar a nuestros hijos para no dejarse influenciar por las nefastas propuestas de los movimientos homosexuales que buscan infiltrarse en la familia y cambiar los valores más preciosos bajo nuestra  custodia. Y  para colmo pretenden arrogarse la adopción de niños. Por toda esta terrible amenaza, resulta importantísimo  guiarlos a desarrollar un sentido correcto de su sexualidad.

Los papás somos los únicos responsables de sembrar en nuestros hijos los criterios católicos que les permitan enfrentar a un mundo donde se atenta contra la vida humana de los más inocentes, como son todas las propuestas abortistas. Así mismo para que sepan discernir el bien y el mal, el peligro y la tentación. Los papás debemos  educar  para que nuestros hijos no se contagien con los antivalores que saltan desde las pantallas del cine, de la televisión y desde muchas  otras fuentes de comunicación.

 

  4. Desde la Iglesia: 

La Iglesia tiene hoy en día una tarea ardua y difícil. No puede bajar la bandera ante las propuestas facilistas, relativistas, materialistas, hedonistas. Debe predicar íntegro el mensaje de Cristo sin cortapisas, sin recortes, sin glosas comodistas y acolchonadas. Pero debe predicarlo, no con tonos apocalípticos, pesimistas, amenazantes, oscurantistas, sino con la alegría y el gozo de quien predica la Buena Nueva, el Mensaje que da verdadera liberación interior. Debe predicarlo con el corazón en ascuas y con la convicción y resonancia de quien lo vive y ha hecho la experiencia del gozo de Cristo. La Iglesia no debe dar respuestas facilistas, emocionales, espectaculares, teatrales como para “ganarse adeptos”. Debe dar el mensaje íntegro de Cristo con la humildad y sencillez, pero con la convicción y pasión de la verdad.

 

 La Iglesia en el siglo XXI tiene que afrontar diversos frentes de batalla. Todos muy difíciles y hoy en día más fortalecidos que antes. No se trata de hacer una cruzada contra las sectas y otros sectores organizados sino más bien, apretar el paso en la transmisión del mensaje íntegro de Cristo, vacunando a la gente contra todas estas acechanzas, ya sea desde las homilías, ejercicios, retiros, cursos, misiones u otros medios. 

Por eso, la Iglesia debe promover mucho los diversos apostolados, donde los laicos se inserten y trabajen a fondo, para solucionar esos problemas y desafíos. Y para apoyar estos apostolados la Iglesia debe recurrir a  los medios  más eficaces para la nueva evangelización: Internet, televisión, radio, congresos, catequesis, centros de reflexión y estudio, misiones. Si en el siglo XXI la Iglesia no logra meterse a fondo en los medios de comunicación social, no será eficaz…irá a paso de tortuga. Y para esto necesita la ayuda de los profesionales, de los líderes en los campos económico y social que apoyen esta iniciativa.

La Iglesia, sí, debe ser un recinto de paz, cariño, acogida fraternal, pero también promover entre los laicos un trabajo serio, organizado y eficaz de apostolado.

Pero antes de encomendar a sus fieles a algún apostolado, la Iglesia debe formar bien a sus hombres porque hoy, más que nunca, los cristianos deben tener su fe bien asimilada, los principios morales bien definidos, porque se han levantado unas confusiones y una polvareda envolvente que pretende derribar la doctrina católica y crear en nosotros un hálito de superficialidad y ligereza, que dan mucho que pensar. Y para lograr esto, la Iglesia necesita de sacerdotes bien formados para orientar debidamente a los laicos.

Sin formación, podrá haber buena voluntad, pero no eficacia en llevar el mensaje de Cristo. Y este siglo XXI necesita ver que la Iglesia es eficaz, que no se queda en las sacristías, que se lanza a través de sus laicos a las calles, al campo político, social, económico, industrial, médico, obrero, pedagógico y otros campos fértiles para recuperar los valores que hayamos perdido.

 La Iglesia prestará mucha atención a la familia, que es la más atacada hoy día desde todos los lados. Preparará muy bien a los jóvenes, a los novios. Promoverá apostolados destinados a fomentar las convivencias de matrimonios, jornadas de reflexión con los papás.

 

Autor P. Antonio Rivero LC

Adaptado por  Editor COEC

 

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