Actitudes y Valores

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¿Qué son las actitudes?

 Las actitudes son las predisposiciones del alma,  con  las cuales vivimos habitualmente  y que radican en nuestras  preferencias, aspiraciones y metas. Las  actitudes  pueden ser buenas o  malas. Las actitudes son nuestras predisposiciones estables o formas habituales de pensar, de sentir y de actuar…. Son la consecuencia de nuestras convicciones o creencias más firmes, por las cuales definimos nuestras relaciones y conducta con los demás. En consecuencia nuestras actitudes determinan nuestro comportamiento  de forma positiva o negativa. Pero aunque la actitud sea lo que define a la persona, los actos tienen también gran importancia, porque cuando son repetidos, conscientes y libres se convierten en actitudes. Además hay actos muy graves como un adulterio o un crimen planeado a sangre fría, con pleno conocimiento y sin detenerse ante las consecuencias que trae con tal de conseguir su deseo,…ahí  se compromete la actitud moral de la persona.

 Es evidente que en el hombre, tienen mayores efectos  las actitudes que los actos, porque las actitudes reflejan una tendencia constante, permanente en nosotros…un acto negativo puede ser producto de un mal momento…o de un error. Por lo anterior, es importante considerar  que no se da un cambio de actitud de un momento a otro. Decir entonces que nuestras actitudes son predisposiciones del alma,  es como preguntarnos a qué estamos dispuestos y atentos a reaccionar  en cada circunstancia o momento de nuestras vidas.

Una actitud es la consecuencia de los valores y normas que la preceden, a su vez es una tendencia evaluadora – sea positiva o negativa-  con respecto a personas, hechos o cosas. Las actitudes reflejan cómo nos sentimos con respecto a algo o a alguien y predicen  nuestra tendencia a actuar de una manera determinada u otra. En el caso de las empresas se puede  observar que la imagen que ellas  crean o reflejan  en su entorno interno y  externo, también están precedidas por las normas y valores que prevalecen dentro de sus propias organizaciones.

Para modificar conductas, más que pretender cambiar directamente actitudes, hay que modificar los valores y creencias que las preceden.

Los valores individuales se constituyen y se aprenden fundamentalmente en la infancia y la adolescencia a partir de los modelos sociales de padres, maestros y amigos. En el caso de las organizaciones podemos plantear que ocurren los dos procesos, herencia y aprendizaje, ya que se heredan porque se van trasmitiendo de individuo a individuo producto del proceso de formación de la persona en esa organización o empresa, y a la vez se aprenden fruto de la formación del proceso de evolución de los seres humanos, donde ya hemos desarrollado algunos y nos falta adquirir otros a través de formar parte de una determina organización.

¿Cómo se comunican los Valores?

Todo el mundo comunica sus valores y  hace conocer a los demás quiénes son, y qué es importante para ellos. Las comunicaciones más significativas sobre valores tienen lugar a través de las conductas en lugar de las palabras: se realizan actuando en lugar de hablando.
Los valores se comunican en los diversos niveles  de la interacción humana: personalmente, en medio del ambiente de trabajo, a través de las empresas, de la  cultura, de la política, de la economía, psicológica y  socialmente. Muchas veces se comunican de soslayo y en silencio, y mayormente por lo que hacemos.

Las comunicaciones de valores fracasan típicamente cuando las organizaciones actúan o parecen ser hipócritas, cuando sus valores entran en conflicto directo de unos con otros, y cuando los valores adoptados no concuerdan con nuestras acciones. La dificultad con estas discusiones es que no conducen a ninguna parte, precisamente porque todavía no se han enfocado sobre lo que realmente debería  discutirse: los valores subyacentes del conflicto.
No obstante, éstos  conflictos sobre los valores pueden ser altamente productivos, particularmente cuando los valores que no son realmente contradictorios, sino complementarios y opuestos, situación que muchas veces perdemos de vista, porque casi sin excepción, la mayor de las veces,  los opuestos, están conectados por un eje común.

Implementando la vivencia de  los Valores

Por muchas razones es difícil apreciar, articular y actualizar los valores. Sin embargo sí podemos plantearnos una serie de  preguntas esenciales que pueden ser útiles para promover el progreso ético dentro del conjunto de personas  que laboran en la empresa y con la participación de todos ellos,  comenzar a determinar tanto  los valores personales como empresariales.

  • ¿Por qué la gente no actúa de acuerdo a sus valores?
  • ¿Cuál es el valor de admitir que no siempre actuamos de acuerdo a nuestros valores?
  • ¿Que hacemos como institución y como personas para crear un entorno donde vivir de acuerdo a nuestras más altas expectativas y alentar nuestro desarrollo mutuo?
  • ¿Cómo enseñamos los valores sin predicarlos o moralizarlos, o convertirlos en dogmas? ¿Dónde y cómo aprendemos nuestros valores? ¿Cómo sería una educación orientada a los valores? ¿Qué valores se aprenden mediante la experiencia y el dialogo?
  •   ¿Cómo pueden las organizaciones estructurar experiencias sobre valores, para alentar el aprendizaje basado en  valores?
  • ¿Qué deberíamos hacer  cuando nuestros  valores chocan con  prácticas empresariales faltas de ética?
  • ¿Qué hacemos cuando están cambiando los valores? ¿Qué hacemos cuando valores importantes y en rápido cambio tales como diversidad racial y cultural, o identidades y actitudes sexuales, aparecen en el puesto de trabajo? ¿Hay vías mejores de aprender o enseñar nuevos valores que no sean culpar, castigar o perder una posición de merito en su carrera?
  • ¿Qué hacemos cuando las conductas no se corresponden con los valores?
  • ¿Cómo sabemos si alguien no está actuando de acuerdo a sus valores? ¿Cómo evitamos convertirnos en “policías de valores”, si no somos capaces de ofrecer, al mismo tiempo, una retroalimentación honesta sobre cómo las conductas están fuera de sincronía con los valores?
  • ¿Cómo mejorar la vivencia de  nuestros valores? ¿Cómo pueden las organizaciones aclarar sus prioridades sobre los valores?
  • ¿Cómo creamos una cultura de valores? ¿Cómo alteramos las culturas organizacionales para alentar valores, y fomentar consciencia y aceptación?
  • ¿Qué deberíamos hacer para mejorar la motivación, el reconocimiento y el apoyo a las conductas basadas en los valores?

Estas preguntas no son para incitar respuestas, sino para instar el diálogo y la búsqueda de respuestas, que serán diferentes para cada organización y persona. Su propósito es revelar una verdad esencial: un proceso mutuo de búsqueda de respuestas a preguntas abiertas que estén orientadas hacia los valores y que nos ayuden a revelar y comprender la compleja y paradójica naturaleza de la formación y el logro de los valores.

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