El empresario y la verdad

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Jesús nos dice en el Evangelio: Si os mantenéis fieles a Mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos y conoceréis la Verdad y la Verdad os hará libres  (Juan 8,31/32).

Este tema es de gran importancia para  empresarios, directivos  y dirigentes que tienen responsabilidades con las  distintas personas de su entorno.

fotoLa fidelidad que existe hacia la verdad es muy pobre, con honrosas excepciones,  hay un desprecio por la verdad sumamente peligroso.  Al hombre actual  le dicen  muchas cosas, más que al de ninguna otra época y lo bombardean cada día a través de diversos medios que en otras épocas eran impensables.

Voces acompañadas de imágenes reemplazan a la lectura.  Lo que oye, desde la publicidad o desde la política no sabe si es verdadero o falso, aquellos buscan  su atención tan solo como un mero consumidor. Cómo la veracidad no es la intención de los mensajes, la incertidumbre, la duda hace al hombre fácil presa de la manipulación ideológica o del engaño.

El uso de la mentira para provecho propio cada vez se extiende infeccionando todos los sectores sociales, casi se puede decir que se ha convertido en un estilo políticamente correcto. Por eso es que las reacciones escasean o son tardías.

La mentira desestructura las relaciones sociales generando desconfianza que mina los pactos, acuerdos y sobre todo la palabra empeñada. Si los políticos mienten,  luego ¿cómo se puede exigir que los ciudadanos actúen con honradez?

Similares repercusiones se pueden advertir en otros ámbitos. Por ejemplo, si un historiador miente contando lo que no ha sucedido o callando la realidad, no es que el hecho tenga  “poco valor” es que es un delito intelectual.  Lo propio sucede con el periodista, que en vez de usar su poder para informar con transparencia, se empeña en pintar como escándalo la debilidad humana para lograr mayor venta o sintonía.

La verdad es un valor fundamental. Se entiende como verdad,  un pensamiento o palabra expresada en conformidad con la realidad. Entendemos como mentira el lenguaje contrario a la realidad, expresado  con intención de engañar, con lo cual se rechaza a la verdad y ofendemos a quien tiene derecho a ella.  Mentir por tanto es romper la comunicación sincera que nos debemos unos a otros.

La sinceridad es una de las cualidades más apreciadas y necesarias en la época actual para una verdadera comunicación e implica una apertura incondicional a la verdad que nos debe llevar a:

  • Decir siempre la verdad aunque no me beneficie y decirla en todo momento…sin impertinencia.  Guardar silencio ocultando una verdad es un modo de mentir. Decir siempre la verdad  libera a la persona, ya que no está esclavizada a nada. El mentiroso en cambio debe cuidarse, ya que se ve atrapado en sus propias mentiras.
  • Expresar toda la verdad sobre todo cuando se conoce y favorece a alguien. Se puede mentir con las “medias verdades”, con datos incompletos, o ambigüedades que den lugar a malos entendidos…o  a interpretaciones personales.
  • Comunicar solo la verdad  sin exagerar los hechos, no atribuir segundas intenciones a nadie, ni interpretar la realidad según el propio parecer. Falta a la verdad quien presenta lo aparente como real, la suposición como un hecho consumado, la opinión personal como un hecho generalizado.

Y estamos obligados a transmitir la verdad:

  • Por la finalidad de la palabra que es el principal vehículo de comunicación entre los seres humanos. En ella debe darse la expresión natural de ideas y sentimientos. Debe ser el fiel reflejo del pensamiento.
  • Por el derecho del otro a la verdad ya que los demás tienen “derecho a la verdad”. Es de justicia darle a cada uno lo debido.
  • Por la vida en sociedad ya que la mentira o falta de verdad crea la desconfianza e impide el éxito en las relaciones interpersonales

Cada uno de nosotros, desde nuestro ambiente cotidiano, debemos  mantenernos en  campaña para llevar la veracidad al primer plano. Si tenemos éxito, casi todo lo demás se dará por añadidura.

 

Consorcio de Empresarios Católicos  COEC

 

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