Ser empresario y cristiano

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Existe la tendencia a pensar que lo material o lo económico nada tiene que hacer con lo espiritual; y viceversa. Pero no es así. El hombre es cuerpo y alma y Dios es el creador tanto de lo material como de lo espiritual; por lo tanto, en la vida del empresario cristiano no cabe divorciar uno y otro aspecto, ni siquiera ponerlos lado a lado, sino integrarlos plenamente.

Un empresario es el agente que une y coordina capital y trabajo, maneja la técnica y el comercio para ofrecer y satisfacer las necesidades de bienes y servicios, crea riqueza y fuentes de trabajo; y el ser cristiano, conlleva el reto de realizar todas estas acciones con equidad y justicia.

La empresa no debe ser concebida únicamente como factor de producción y de lucro, sino también como comunidad de personas. De la unión de los trabajadores y empresarios, bajo un marco apropiado y responsable de estado y gobierno,  dependerá en buena parte la realización gradual de una sociedad más justa. La Iglesia y los cristianos tienen el derecho y la obligación de contribuir al logro de este ideal, dando la debida y oportuna orientación en materia de valores.

Es necesario concebir la actividad empresarial como una vocación que nos viene de Dios, que nos exige transformar la realidad -dentro de nuestro ámbito de influencias y decisiones-  que resulte favorable a lo que Dios quiere para todos los hombres, sus hijos.

Al empresario cristiano le corresponde priorizar, entre sus múltiples responsabilidades, la de pagar a sus trabajadores una justa remuneración, moralmente correcta; es decir, entendida como lo suficiente para lograr fundar y mantener dignamente una familia y llegar así a ser artífice de una sociedad justa, pacífica y fraterna. También le toca reflexionar sobre la concepción cristiana de la empresa, profundizando su formación moral e involucrándose con sus pensamientos, iniciativa y responsabilidad a la mejora y orden de la sociedad en la que desarrolla su existencia.

La base de la conducta cristiana no sólo es la ley de la vida civil sino la Palabra de Dios, fuente de la verdad última y guía espiritual a la que no debemos renunciar.

Nuestra misión de empresarios es servir en y al mundo, integrar y enriquecer nuestra vida, pues Dios mismo encuentra su gloria en el hecho de que cada hombre, único e irrepetible, obra de sus manos, viva plenamente. El trabajo humano pertenece al orden económico temporal, pero también a la economía de la salvación divina.

2 Respuestas a “Ser empresario y cristiano”

  1. Raúl  el marzo 18th, 2010

    El problema es que generalmente en lugar de vivir coherentemente estas dos realidades, creamos espacios separados para vivir cada una de ellas: sábados y domingos cristianos y empresarios de lunes a viernes.

  2. marm  el febrero 17th, 2010

    Se podria seleccionar unas empresas y enviarles estos documentos (los fundamentales) a sus correos o sus páginas web y observar si hay algunas respuestas.