Somos Creadores de Profecías. Autoestima Parte IA

   «Sea que pienses que puedes o que no puedes, estarás en lo cierto. »
Henry Ford

  El uranio es un mineral que puede ser tremendamente destructivo para el ser humano, pero también le sirve para la generación de energía. De la misma forma, nuestros pensamientos son un arma poderosa que puede destruir o construir, dependiendo de cómo los usemos.

 

En un experimento conducido por Rosenthal y Jacobson[iii], de la Universidad de Harvard, a ciertos profesores de colegio se les pidió que determinaran cuáles de sus alumnos eran brillantes y cuáles eran deficientes, según unas pruebas de in­teligencia. Dichas pruebas eran ficticias, y los alumnos en realidad tenían simi­lar nivel y potencial. Al término del periodo experimental, los alumnos cataloga­dos ficticiamente como inteligentes obtuvieron mucho mejor rendimiento que aquellos que fueron catalogados como deficientes. Los profesores, pensando que los primeros eran alumnos muy inteligentes, les dieron más tiempo, incentivos y estímulos. Los profesores fueron, sin saberlo, creadores de sus propias profe­cías. Lograron que los alumnos sean más capaces con sólo pensar que lo eran.

 La profecía que se cumple a sí misma ocurre cuando tenemos una creencia tan profunda que actuamos como si ésta fuese verdad. Como consecuencia, nuestros comportamientos terminan haciendo realidad la profecía. Cuentan que Johnny Carson, animador del popular Tonight Show en California, comentó muy serio a su audiencia: “Lamento darles una muy mala noticia: el papel higiénico se acaba de agotar en California. Cuiden como oro el papel que les queda”[iv]. ¿Qué creen que pasó al día siguiente? Por supuesto, el papel higiénico se agotó y se cumplió la profecía. Las personas estaban tan convencidas de que se agotaría el papel que su comportamiento fue comprar grandes cantidades y almacenarlas.

 Las profecías que se cumplen a sí mismas están muy presentes en la economía y la empresa. Todos sabemos el daño que le puede causar a un banco la “volada” de que va a quebrar. La gente, creyendo que el banco es inestable, actúa de acuerdo con esta creencia y retira todo su dinero, con lo cual el banco efectivamente se debilita y hasta puede quebrar. Lo mismo ocurre con la inflación: si la gente piensa que los precios van a subir, todos se adelantan, suben sus precios y se produce la inflación.
En Estados Unidos, uno de los indicadores más importantes para predecir el futuro de la economía es una encuesta de expectativas a los ejecutivos.
Si los ejecutivos piensan que a futuro habrá recesión, existe una gran posibilidad de que ésta ocurra. Las empresas dejan de invertir, de hacer proyectos nuevos y de contratar personal por temor a una menor demanda, y toda la economía se empieza a paralizar. La profecía termina cumpliéndose.

 En la empresa, la profecía que se cumple a sí misma crea frecuentemente círculos viciosos entre jefe y subordinado. Si usted tiene un subordinado que no le convence porque cree que carece de las habilidades necesarias, no le dará mucho tiempo, no lo motivará, ni lo ayudará a mejorar. Sentirá que es una pérdida de tiempo. A su vez, si el subordinado siente que su jefe no lo escucha, no le da tiempo y no lo incentiva, se desmotivará y tendrá baja productividad. Al ver esto, el jefe le dará aún menos tiempo y atención, y el círculo continuará hasta que el subordinado renuncie o sea despedido. La profecía se ha cumplido. ¿Cuántas personas valiosas se pierden simplemente por creencias equivocadas?

 Si pensamos que la economía está en mal estado, pues seguirá mal. Si pensamos que habrá inflación, pues habrá inflación. Si pensamos que una persona es un mal empleado, pues seguirá siendo un mal empleado. Si pensamos que no somos capaces, seremos los profetas de nuestro propio fracaso. Nuestros pensamientos son escultores de la obra de nuestra vida. Cómo los utilicemos depende sólo de nosotros mismos. Si tenemos una piedra entre las manos, podemos destruirla o esculpir con ella una maravillosa obra de arte.

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