Dimensión ética de la sociedad


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Estos comentarios sobre el bien común —la dimensión ética en la sociedad— están tomados del “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia”. CIC 1905 ss

1. Nuestra aspiración como seres humanos: Bien, verdad y belleza.
El ser humano, en virtud de su naturaleza, está llamado a encontrarse con lo que es verdadero, bueno y bello. Cuando lo logra, alcanza felicidad y plenitud de su ser y da sentido a su vida.

Esta búsqueda se realiza a lo largo de toda su existencia y se manifiesta de manera especial en el trabajo y en la familia. Si no hay verdad, bondad y belleza en ambos, el ser humano experimenta una sensación de vacío difícil de colmar con las cosas.

2. Nuestra aspiración como sociedad: El bien común.
Queremos el bien, la verdad y la belleza para todos los miembros de la sociedad. Anhelamos vivir en paz, sin sobresaltos y riesgos a nuestra seguridad, en un ambiente libre de contaminación, y habiendo asegurado bienes esenciales como la alimentación, vivienda, educación, salud, trabajo y la movilización. Esperamos que haya libre acceso a la información, a la cultura y a la profesión de fe.

Pero esto no lo queremos solo para nosotros, sino para todos en la sociedad. Somos seres eminentemente sociales y nuestra humanidad se expresa verdaderamente cuando establecemos una relación “con” y “para” los demás.

Pretendemos que la sociedad, en todos sus niveles, esté al servicio del ser humano y que busque “el bien de todos los hombres y de todo el hombre”. Las exigencias del bien común están estrechamente vinculadas al respeto y a la promoción integral de la persona y de sus derechos fundamentales.

3. El bien común es un deber de todos los miembros de la sociedad. En primer lugar, de cada uno de nosotros como persona, pues debemos buscar constantemente el bien de los demás como si fuese el bien propio.

En segundo lugar, de todas las organizaciones intermedias de la sociedad y, de un modo muy especial en nuestro tiempo, de la empresa, pues no puede conformarse con la simple búsqueda de un beneficio particular para los accionistas, sino que debe empeñar todos sus recursos y esfuerzos a la consecución del bien común.

En tercer lugar, quien debe asumir una responsabilidad especial es el Estado, porque el bien común es la razón de ser de la autoridad política.

Corresponde al Estado y a las instituciones políticas: (1) Garantizar la cohesión, unidad y organización de la sociedad civil, y (2) Hacer accesibles a las personas los bienes necesarios —materiales, culturales, morales, espirituales— para gozar de una vida auténticamente humana, muy particularmente los que son esenciales para la vida.

Por último, se requiere una correcta organización de los poderes del Estado, con un sólido ordenamiento jurídico, que permita armonizar con justicia los diversos intereses de individuos y grupos.

4. No puede privarse al bien común de su dimensión trascendente. Una visión puramente histórica y materialista terminaría por transformar el bien común en un simple bienestar socioeconómico, carente de finalidad trascendente, es decir, de su más profunda razón de ser.

El bien común de la sociedad tiene valor solo en relación al logro de los fines últimos de la persona y al bien común de toda la creación, el cual, para los creyentes, se encuentra en la presencia de Dios.

 

Autor: Monseñor Fernando Chomali, Ph.D Gregoriana, Italia

Editor: COEC

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