Elogio de la Palabra


iSpeech.org
El "Elogio de la palabra" fue el discurso inaugural del poeta catalán Joan Maragall al tomar posesión de la Presidencia del Ateneo Barcelonés, en 1903. En ese espléndido opúsculo, el autor expresa su teoría sobre la palabra y la poesía. Esta última sería ampliamente desarrollada en su Elogio de la  Poesía, que vería la luz en 1907.

PALABRA Y CREATIVIDAD                                                                                                                                             La realidad humana presenta una estructura elocuente, dialógica.  El hombre vive en una constante y tensa apertura hacia los seres del entorno. Se desarrolla plenamente como tal hombre cuando supera la soledad de retracción egoísta, se compromete con las realidades que lo envuelven y funda ámbitos de encuentro y convivencia. El medio en el  cual el hombre crea esos vínculos de relación con las realidades de su entorno es la palabra. Y el pensamiento humano se da en ese ámbito dinámico abierto por la palabra. Para Maragall, la palabra "es la maravilla mayor del mundo.  Lleva en su seno esa cosa inmaterial desveladora del espíritu: la idea".  El lingüista Bertil Malmberg llega incluso a afirmar que "la lengua y el pensamiento son, en sentido estricto, lo mismo". La inteligencia hace posible la creatividad humana, que consiste en la participación comprometida y generosa en una realidad que nos ofrece  posibilidades valiosas.

El lenguaje constituye el vehículo de la creatividad del hombre, del encuentro profundo con su entorno. Merced a  la creatividad, los hombres, sin dejar de ser distintos, dejan de ser distantes y extraños y se hacen íntimos.  La palabra es mucho más que un medio transmisor de un contenido. Adensa los ámbitos que se van creando a lo largo de la vida del hombre. En el lenguaje podemos dar perfiles definidos a ámbitos de realidad que son  muy difusos y de contornos indecisos. Por eso permite la comunicación y constituye el medio en el cual pueden gestarse vínculos interpersonales. Entre dos personas se ha ido creando un campo amoroso. Las miradas son elocuentes, pero sus sentimientos flotan como una niebla hasta que una palabra, tal vez leve, adense y afirme lo que pugnaba por brotar: "¿No habéis oído cómo hablan los enamorados?  Antes de que hable el amor, ¡qué brotes de vida en todas las ramas del sentido! ¡Cómo quieren hablar los ojos!... y cuando se cruzan sus miradas ardientes, ¡qué silencio!  Y brota por fin una música animada, ¡oh, maravilla!, una  palabra". La palabra es el medio en el que se lleva a cabo un acto de comunión.

PALABRAS VIVAS                                                                                                                                                            Dios llamó al hombre a la vida, y le dio inteligencia y libertad para  responder a su apelación. Tener el don de la palabra significa estar inserto dinámicamente en un mundo relacional, en el que cada realidad está vinculada con otras muchas que tejen una red inabarcable de acontecimientos. Por eso deberíamos hablar con respeto y reverencia y sólo con palabras auténticas, que son las creadoras de verdadera vida. Para el poeta catalán la palabra es sagrada, pues el hecho de adensar un ámbito de vida supone que ha nacido merced a la luz de la inspiración y refleja algo de la luz infinita que creó el mundo:  "¡Oh!, ¡qué cosa tan sagrada! Dice San Juan: «En el principio era la palabra, y la palabra estaba en Dios»: y dice que por ella fueron hechas  todas las cosas: y que la palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. ¡Qué abismo de luz, Dios mío!". También Malberg y Ferdinand Ebner sacralizan el lenguaje: "La  aparición de la capacidad lingüística resulta igual a la hominización.

Así la verdad del primer versículo del Evangelio de Juan "En el principio era la palabra" adquiere su confirmación". "Dios creó al hombre cuando le habló. Lo creó mediante la palabra, en la que estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, como leemos en el prólogo del evangelio de Juan. Que Dios creó al hombre no quiere decir otra cosa que se dirigió a él hablándole. Creándolo le dijo: Yo soy y por Mí eres tú.    En cuanto Dios habló así al hombre y mediante la palabra en la divinidad de su origen plantó en él el yo, creándolo en su relación al tú, llegó el hombre a ser consciente de su existencia y de su relación con Dios".

"El amor de Dios, que creó al hombre mediante la palabra, en la que estaba la vida, se concretó en la palabra para salvar al hombre, es decir, se hizo aquí patente, hecho histórico en la encarnación de Dios y en la palabra del Evangelio".  La palabra sólo tiene capacidad de crear vínculos cuando el hombre cumple las exigencias del encuentro: generosidad, disponibilidad, apertura y sencillez de espíritu, estar a la escucha y  responder a la apelación de lo valioso...

La palabra dicha con amor instaura un campo de intercambio creador, de encuentro, y constituye una fuente de sentido: "La palabra auténtica es siempre expresión del amor.  Toda desgracia humana en el mundo viene de que los hombres rara vez aciertan a decir la palabra adecuada.  No hay sufrimiento humano que no pudiera ser desterrado por la palabra precisa y no hay en toda desgracia de esta vida otro consuelo real que el que procede de esta palabra atinada. La palabra sin amor es un abuso humano del don divino de la palabra.  Pero la palabra que es expresión de amor es eterna".

Autor Joan Maragall, Editado por COEC

Esta entrada fue publicada en General. Guarda el enlace permanente.