El Papa Francisco y su llamado a la santidad


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Copia de SANTOS SIN VELOEl Papa Francisco nos tiene a todos encantados. Su sencillez, su cercanía, su lenguaje simple y directo está tocando los corazones no solo de los católicos, sino de personas de otros credos. Como el de mi suegra, luterana ella, quien le comentó a mi esposa “¡Me gusta este Papa!”. Francisco está cautivando, inclusive, los corazones de algunos que no creen en Dios, de aquellos que tienen en “la nada” la explicación del todo. Milagros del Señor. En una de las últimas exhortaciones hizo un bello y profundo llamado a la santidad. Nos habló claro. Nos habló fácil. “Necesitamos santos sin velo, sin sotana. Necesitamos santos de jeans y zapatillas”, dijo.

Y, puso el evangelio de Cristo por encima de todo, sacándole el maquillaje con que muchas veces lo acompañamos y, por consecuencia, desvirtuamos.

El maquillaje de quedarnos en la rigidez de las formas; el maquillaje de la timidez y del miedo de manifestar nuestra fe en el Señor en los ambientes en los que nos desenvolvemos; el maquillaje del reduccionismo del evangelio al trabajo meramente social sin tener en el horizonte las moradas que el Padre nos tiene preparadas para la Eternidad. Necesitamos santos que coloquen a Dios en primer lugar. Necesitamos santos que amen la Eucaristía, fue otra de sus exhortaciones. La principal, diría yo. Francisco, en su lenguaje horizontal, de tú a tú, nos ha devuelto la Eternidad, nos ha devuelto la mirada hacia lo divino, hacia la Eucaristía como centro de nuestra existencia, y haciéndonos ver que no es incompatible con el disfrute de las cosas buenas que nos ofrece la vida como el compartir una cerveza y unas pizzas con unos amigos, como escuchar un buen concierto de música o ir al cine a ver una buena película. Su catequesis está calando en los jóvenes y en los adultos laicos, y no dudo que lo hará de tal manera que muchos de ellos considerarán seriamente el entregarse al sacerdocio o a la vida consagrada en alguna orden religiosa. Pero acá debemos estar atentos. Debemos tener cuidado en que su mensaje no sea manipulado, tergiversado y desvirtuado como lo fue en su momento - y lo sigue siendo en algunos ámbitos laicos y clericales-  el “Concilio Vaticano II” por los promotores de la mal llamada “Teología de la Liberación”, que pretendió, con un lenguaje cautivador para algunos,  convertir el Evangelio de Jesús en un “Manual de Asistencialismo Social”, eliminando la trascendencia de la vida terrenal, la divinidad, la esperanza en la vida eterna, haciéndole el juego al discurso ideológico marxista de una “igualdad” sin caridad y sin respeto del libre albedrío que, como sabemos, condujo a quienes lo aplicaron no solo al alejamiento de la Palabra de Dios, sino inclusive, a la persecución de quienes desde su fe profunda se negaron a seguir sus dictados. Esperemos que los mensajes  del Papa Francisco sean tomados  en su real dimensión y no “mal utilizado” por algunos lobos rapaces que desde fuera y desde dentro de la Iglesia se dedican a dinamitar sus cimientos causando grandes estragos por la confusión que generan. Hay que cuidarnos de esos que se quedan con parte del discurso y que lo acomodan a su visión secular de las cosas, dejando de lado la parte que contiene la verdadera esencia, Cristo mismo. Cuidarnos de aquellos que se quedan con la frase  "necesitamos santos sin velo, sin sotana. Necesitamos santos de jeans y zapatillas" para promover dentro de las órdenes religiosas o del clero el abandono del hábito, de la sotana o del clergyman como condición para llegar a la santidad. Cosa absurda. Cuidarnos de aquellos que, desde dentro de nuestra propia iglesia han dejado de creer en la presencia del Señor en la Eucaristía o en la gracia de los sacramentos; de aquellos que tuercen el evangelio diciendo que “Jesús no juzgó a la mujer adúltera”, buscando justificarse, pero que olvidan y dejan de lado la parte complementaria de la conversación de Nuestro Señor con la mujer diciéndole “anda y no peques más”. Cuidémonos de aquellos que hacen del evangelio un “buffet” del que toman lo que les gusta y dejan de lado lo que les incomoda. El riesgo de quedarnos solo con “santos de jeans y zapatillas” es grande, como el del mal entendido “ecumenismo” lo que  para algunos, muchas veces, “todo termina siendo lo mismo”. Casos graves, hay muchos. Como el de aquel fraile dominico que unos años atrás en el Cusco promovió en un templo católico la “veneración” de las reliquias de un Dalai Lama tibetano “para recibir sus energías”. Lamentablemente, no sorprendería que algunos hombres de iglesia un poco confundidos como el referido fraile, siguiendo al pie de la letra el llamado del Papa Francisco a la necesidad de “santos de jeans y zapatillas” termine proponiendo el cambio de alguna orden religiosa a “Levi’s Capuchinos” o “Adidas de los Descalzos”. Sigamos pués la exhortación del Papa Francisco en su totalidad. No nos quedemos en “comer las pizzas y las cervezas con los amigos” sin antes bendecirlas. Marco Cattarini Este y otros artículos, encuéntralos en: www.empresarioscatolicos.org

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