AUREA MEDIOCRITAS o FRACASOMANÍA


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Realidad  del pasado o tarea  pendiente ?

 

La medalla y los laureles del triunfo corresponden a las personas que se fijan la meta de obtener el primer lugar y ponen todo su empeño en alcanzarla.  Aquellos que se conforman con el penúltimo puesto son los perdedores de siempre.

Quienes por primera vez han ganado un campeonato mundial en competencias individuales de atletismo, tenis, golf, natación y otras suelen dar declaraciones que tienen un elemento en común.  Las nuevas estrellas afirman haberse propuesto, cuando iniciaron su afición, superar la marca establecida por la figura deportiva que ostentaba entonces el campeonato mundial en su respectivo deporte.

Esta observación también es aplicable a las colectividades humanas. Las sociedades que a lo largo de los últimos dos siglos alcanzaron la modernidad y, por lo tanto, la prosperidad, lo hicieron en  competencia con la nación más avanzada de la época.

Al inicio de la Revolución Industrial, el papel de nación líder le correspondió a Inglaterra.  Posteriormente y en diferentes sectores económicos o tecnológicos, otras naciones líderes han servido como modelos para ser imitados.

Un ejemplo exitoso de superación del atraso.

Japón es un ejemplo clásico de superación del atraso por medio de la adaptación exitosa de instituciones y técnicas de los países avanzados. A partir de la reestructuración Meiji en 1863, los gobernantes japoneses se propusieron desmantelar el régimen feudal y poner en marcha una vigorosa política de industrialización y modernización económica, incorporando a sus códigos la legislación europea o norteamericana que se consideraban las más avanzada del mundo.  Su criterio de selección era simplemente buscar lo que fuera mejor.  Así, por ejemplo, la misión militar enviada a París a estudiar la organización del ejército francés fue trasladada a Berlín inmediatamente después de la derrota de Napoleón III en la Guerra Franco- Prusiana de 1870.

En la segunda mitad del siglo pasado, el llamado milagro japonés se hizo en la adaptación de métodos gerenciales norteamericanos y la adquisición de tecnología avanzada en Estados Unidos y en Europa Occidental  para competir en todo el mundo en el sector automovilístico, en la electrónica y en la industria de bienes de capital.

A su turno, el Japón sirvió de ejemplo y de estímulo a países del este asiático que decidieron copiar el esquema de industrialización acelerada orientada hacia el mercado externo.  Recuerdo haber visto en la planta de producción de una fábrica coreana un gran aviso que exhortaba: “sobrepasemos al Japón” .

Con ese eslogan como propósito colectivo, una nación que estaba literalmente en ruinas al concluir la guerra de Corea en 1953 logró superar el subdesarrollo.

Otras experiencias comparables de modernización tardía

Aquí  podrían citarse  los casos de Taiwán y Singapur. Además del deseo de imitar al Japón y competir agresivamente en los mercados mundiales, las élites de estos países tenían otra ventaja: desconocían la literatura latinoamericana sobre la dependencia, el comercio empobrecedor y las relaciones inequitativas centro- periferia.  O si la había oído mencionar la consideraban un disparate.

 

Esa visión optimista de competir e integrarse al mundo contrasta con la actitud derrotista y el pesimismo que caracterizó al pensamiento económico latinoamericano durante varias décadas.

La Cepal canalizó un gran esfuerzo intelectual  a crear el complejo de víctimas, a culpar a los países industrializados del atraso regional y a menospreciar las posibilidades de competir en el mundo.

La industrialización hacia adentro a base de la sustitución de importaciones, el aislamiento de nuestras élites económicas y empresariales del resto del mundo, el sesgo anti - exportador y el excesivo proteccionismo le hicieron perder a América Latina la edad dorada del comercio internacional, el periodo entre los años 1950 y 1975 durante el cual el Japón, los países del sur de Europa y los llamados Tigres asiáticos, convirtieron la exportación de manufacturas en un eficaz motor de desarrollo.

La dicotomía centro-periferia llevaba implícita la premisa de que estas eran categorías permanentes e irreconciliables.  El que un país latinoamericano aspirara a ascender a la categoría de país rico era una falta de solidaridad con el resto.  Todo esto condujo a los que Albert Hirschman denominaba “fracasomanía”.  Como mecanismo de defensa, se optó por culpar del atraso a las multinacionales, al imperialismo, al sistema capitalista y a los organismo internacionales.  Dicho enfoque contribuyó a debilitar la confianza en la capacidad latinoamericana para competir internacionalmente, mientras los países del este asiático demostraban como se hacían.

El estadista Payanes Víctor Mosquera Chaux relataba esta anécdota acerca de una chiquilla de su entorno familiar que no se distinguía por su desempeño académico.  Cuando le preguntó como le estaba yendo en los estudios la niña respondió: “Soy la mejor de las peores”.  Como muestra infantil de ingeniosidad esa formulación resulta divertida.

Pero como indicador de un rasgo cultural generalizado, es lamentable.En forma individual, es la aceptación complaciente de la mediocridad.  A nivel colectivo, constituye el fundamento que garantiza la perpetuación del subdesarrollo.

Autor: RODRIGO BOTERO  , Ex ministro de Hacienda de Colombia.
 

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