La Cultura de la Excusa. Autoestima* Parte IIB


iSpeech
  "Aquellas personas que son buenas dando excusas, es probablemente para lo único que son buenas”   Benjamín Franklin

Cuando la cultura de las excusas se asienta en las empresas, es como si le sacasen las llantas a un automóvil. Dentro del auto uno siente que el motor está prendido, que puede acelerar, pero no se llega a ningún lado. 

Cuentan que un anciano ya no podía salir de cacería para alimentar a su familia, razón por la cual le pide a su hijo que se encargue de ello. El hijo sale a cazar y regresa rápidamente con un conejo para la cena. Al día siguiente regresa sin haber cazado nada y se excusa diciendo que no hay animales. 
Al día siguiente tampoco trae nada y se excusa nuevamente. Intrigado, el anciano sale a verificar cómo cazaba su hijo, y lo encuentra sentado junto a un árbol. El anciano le pregunta que hace allí. El hijo responde: “Silencio, estoy esperando que los conejos se estrellen contra el árbol. ¿Te acuerdas del primer conejo que traje a casa? Bueno, ese lo recogí cuando se estrelló contra el árbol. Sé paciente, padre, seguro que más tarde otro se estrellará contra el árbol.[3]

 Cuántas veces, como en esta historia, nos quedamos esperando que los éxi­tos en la vida nos vengan de pura suerte o damos excusas para encubrir nuestra falta de responsabilidad y perseverancia.

 “No tengo tiempo”, “no tengo recursos”, “no me dejan trabajar”, “no me siento bien”, “es culpa de otro departamento”, “es el sistema que no funciona”. ¿Reconoce estas excusas? La excusa es la distancia más corta entre la responsabilidad y la irresponsabilidad. Cuando damos una excusa no nos hacemos responsables y dejamos de perseverar. Presuponemos que una circunstancia externa a nosotros es más poderosa y domina nuestro destino.

 Si es tan negativo para nosotros, ¿por qué lo hacemos? A los que tienen baja autoestima les cuesta mucho admitir sus equivocaciones, pues ello confirmaría que no son competentes. Culpar a otros de sus problemas aleja la sensación de inferioridad generada por el incumplimiento de sus responsabilidades. Aparentemente, las excusas son muy útiles: reducen el trabajo y no cuestan nada. Lo único que se necesita es un poco de creatividad para que parezcan verdaderas. Pero las excusas tienen el costo escondido de mermar nuestra responsabilidad, encubriendo nuestra dejadez y generando un clima de desconfianza e hipocresía en la organización.

 Según Williamson[4], los padres normalmente celebran con amor y alegría los logros y aciertos de los niños. Pero otros también critican, humillan o no dan muestras de afecto cuando los niños fallan. Esto condiciona al niño a querer hacer todo perfecto para recibir siempre el cariño. De adultos tenemos el mismo problema: creemos subconscientemente que si nos equivocamos nos retirarán el cariño. Por eso las excusas nos permiten engañarnos a nosotros mismos y creer que no somos nosotros los equivocados, pues de esa forma evitarnos el dolor.

 Las empresas también contribuyen a fomentar la cultura de la excusa cuando penalizan los errores de su personal. Si maltratamos o despedimos a nuestro personal cuando falla al emprender algo, damos un mensaje muy claro: “Mejor no emprenda, y si lo hace tenga una excusa en caso no funcione”. Tenemos que cambiar la valoración negativa de la palabra "error". Normalmente asociamos la palabra error con términos negativos como malo" o "destructivo". Recuerde que un error sólo es negativo cuando no aprendemos de él. Si no hubiésemos aprendido de nuestros errores estaríamos en la empresa vestidos de terno, pero gateando. Todos hemos aprendido a caminar cayéndonos, tropezándonos, pero parece que lo hemos olvidado.
Cuentan que a Thomas Watson, presidente de IBM en sus inicios, le preguntaron si despediría al empleado que había hecho perder 600 000 dólares a la empresa. Él respondió: "¡De ninguna manera! Acabo de invertir 600 000 dólares en su entrenamiento! ¿Ustedes piensan que lo voy a despedir?" [5]

Las empresas que penalizan el error también penalizan el riesgo. Hoy, si las empresas no corren riesgos, tomarán automáticamente el riesgo de ser desplazadas por su competencia.

Esta entrada fue publicada en General. Guarda el enlace permanente.