Desactivando los Botones de la MenteAUTOESTIMA* PARTE IIA


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  La gente que combate el fuego con fuego, usualmente termina con sólo cenizas.”         Abigail Van Buren

Cuando nos curan con alcohol una herida abierta, explotamos de dolor deforma inmediata. De la misma manera, en el trabajo algunos estímulos presionan ciertos botones de nuestra mente hasta hacernos explotar de ira y destruir la confianza y la comunicación.

 Cuando fui gerente de una empresa que pasaba por una época difícil en términos de volumen de ventas, encontré un gran vendedor. Pedí al gerente de Ventas que lo entrevistase y lo contratase. A la semana, el gerente de Ventas me comentó: “Entrevisté al vendedor, pero el gerente de Recursos Humanos lo descartó”. Decepcionado, vÍ fallar mi estrategia. Esa tarde me encontré con los gerentes de Ventas y de Recursos Humanos en la cafetería. Le pregunté al de Recursos Humanos: “¿Qué tal la entrevista con el vendedor? ¿Por qué lo descartaste?” Él me respondió: “No lo entrevisté...”. Lo interrumpí y no pu­do decir nada más. Convertido en un monstruo, grité al gerente de Ventas: “Me mentiste, dijiste que lo habías entrevistado”. Él me respondió: “Nunca miento; lo que pasa es...”. No terminó de hablar. Rabioso, seguí insultándo­lo: “Cómo es posible que no seas capaz de decirme que no te gusta la perso­na y culpes a otros”. El gerente de Recursos Humanos observaba impresiona­do mi reacción. Luego de que me vio calmado, me dijo: “David, no entrevisté al vendedor, pero si verifiqué sus referencias y no es recomendable”. En ese momento quería desaparecer: había armado tremendo lío sin razón y, lo que es peor aún, maltraté al gerente de Ventas gratuitamente.

  Cuántas veces reaccionamos desproporcionadamente, como en la historia anterior, y no dejamos a las personas terminar de explicar su punto de vista. Según Weeks[1], el ser humano tiene "botones» críticos que al ser presionados generan conductas explosivas que destruyen la comunicación. Cuando nos ocurre, es como si un monstruo tomase el control de nuestra mente y de nuestro cuerpo. Una vez que pasa tomamos conciencia de lo que hicimos y nos arrepentimos, sin entender por qué ocurrió.

 Hay dos causas importantes que originan esta reacción:
‑Tener una niñez traumática: si nuestros padres explotaban frecuentemente, es probable que nosotros hayamos aprendido a hacer lo mismo. Y si recibimos poco amor, cariño y respeto de nuestros padres, nos generaron frustraciones subconscientes que favorecen conductas explosivas. Ante situaciones que nos evoquen momentos difíciles de la niñez, es probable que reaccionemos de forma explosiva.
‑El estrés en el trabajo: a medida que tenemos más problemas en el trabajo, las frustraciones, tensiones y miedos se acumulan hasta que cualquier situación aprieta un botón y explotamos con fuerza.

 ¿Qué hacer? Tomemos conciencia. ¿Cuáles son los “botones” que disparan conductas agresivas en nosotros? En mi ejemplo, el “botón” fue la posible mentira.
En su libro La inteligencia emocional, Goleman presenta un estudio que determina que el principal disparador de la ira son situaciones en las que nos sentimos en peligro físico, pero sobre todo cuando las afectadas pueden ser nuestra autoestima y nuestra dignidad[2]. Si tenemos una sólida autoestima, aun en las circunstancias más difíciles de la vida nos sentiremos más seguros y estaremos menos propensos a explotar.

 Un antídoto para desactivar los “botones” es pensar más en los demás. No permanecer a la defensiva, tomar una actitud de servicio para comprender y aceptar a las personas. Si, en mi ejemplo, yo hubiera estado en una actitud de servir, no hubiese reaccionado de esa forma; pero sólo me preocupaba cuidar mi ego: “cómo era posible que a mí me mintieran”. Nuestro ego es como un guardián permanente que vigila el mundo para ver si los estímulos externos lo favorecen o maltratan. Apenas ve la más mínima posibilidad de que salga maltratado, corre y presiona los botones mentales y nos hace explotar. Pero nosotros no somos nuestro ego. Tener una actitud de servicio implica darle descanso a ese guardián, orientarse hacia los demás y así mejorar nuestras relaciones interpersonales.

 Otro antídoto es la respiración. Cuando presionen nuestros “botones”, respiremos profundamente. La respiración cambia la fisiología de nuestro cuerpo y nos relaja, corta los cables mentales que unen los botones con nuestro cuerpo. Cuando se enfrente a una situación difícil recuerde este consejo y respire profundamente. Verá cómo lo que parecía un incendio masivo descontrolado es realmente una pequeña chispa.

  Hace poco recibí la siguiente historia por Internet. Una pareja había salido de casa dejando solos a sus hijos pequeños y al perro. Estaban preocupados, pero era una emergencia y no tenían con quién dejarlos. Cuando regresaron y llamaron a los niños, éstos no contestaron. Se dirigieron hacia la habitación de sus hijos y vieron salir de ésta al perro con la boca llena de sangre. El padre, lleno de ira, persiguió al perro y lo mató. Luego entró en el cuarto de los niños y encontró a una serpiente muerta y a los niños a salvo. El perro héroe había salvado a los niños de morir.

Desactivemos los “botones” que nos hacen explotar. Entendamos que nuestras mentes interpretan una percepción de la realidad y no la realidad absoluta. Respiremos profundamente y tomemos el tiempo para analizar la situación con calma y elegir nuestras acciones.

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2 respuestas a Desactivando los Botones de la MenteAUTOESTIMA* PARTE IIA

  1. Maximo Reyes dijo:

    Artículo interesante y útil, promueve el desarrollo y la superación personal. Resalta medidas que ayudan sin duda alcanzar el éxito personal y grupal. Muy bueno. Me hubiera gustado el texto dividido en partes mas pequeñas para poderlo reenviar a gente conocida.

  2. Julio Híjar dijo:

    Que bueno es recordar que todas las personas, desempeñemos papeles importantes o no en nuestra vida diaria, tenemos dignidad y para muchos es lo más valioso que existe; por ello la necesidad de mantener una actitud serena, afable y respetuosa en nuestra relación con todas las personas.
    Muchas gracias por esta serie de artículos.

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